Hace unos años tuve una época difícil. Acudía al médico constantemente por cansancio crónico, catarros, gripes y dolores en cualquier parte del cuerpo. Me sentía arriba y abajo y tan pronto reía como lloraba, besaba o gritaba. Todo sin control. Sin sentido.

Fue aquí donde empezó todo. Empezó el cambio. Un cambio que aún hoy continua y me sigue haciendo crecer.

Empecé a buscar información, a leer libros; libros que quizá ahora me parezcan tontos, pero que en su momento me abrieron los ojos. Los ojos y el espíritu, hacía años que se me había cerrado y no me había dado cuenta…

Dicen que algo, normalmente malo, sucede para que este proceso arranque . En mi caso no sabría decirte cuál fue el detonante… una vida completa, con una familia maravillosa, un buen trabajo, buenos amigos y un sinfín de cosas materiales que me rodeaban; quizá esto último ya me debería haber dado alguna pista… Algo en mí no funcionaba, y podía achacárselo a algún factor externo, sin embargo no había excusas, el problema era yo. Toqué fondo.

Entonces decidí parar, paré y dediqué tres meses a pensar por dónde seguir, hacia donde dirigirme. Y ahí volví a volar. Y a sonreír.

Sé que muchas estáis sintiendo cambios similares, que no termináis de encontraros en vuestra vida, en vuestro trabajo o en vuestro estilo, y es por esto que me he animado a sincerarme con vosotras, a contaros dónde llegué para volver a salir y cómo lo hice. Y así fue:

1. Lo primero es saber parar

Dejar de creernos superheroínas y escuchar de una vez lo que nuestro cuerpo quiere decirnos. No es normal enfermar mucho, no es normal estar cansada y no es normal gritar a tus hijos. Creemos que podemos con todo y sintamos lo que sintamos seguimos como si nada, no vaya a ser, que alguien se dé cuenta de que somos humanas. Y le quitas horas al sueño y sigues sonriendo aunque ya no queden fuerzas, y sigues yendo a correr no vayas a coger peso, y sigues, y sigues, y sigues…

Y no, sólo hay que parar. Parar y escuchar. Sin miedo al qué dirán. Sin miedo a qué pasará. Sólo parar y descansar. Y dejarte fluir junto a los tuyos…

2. Duerme como cuando eras niña

Así de simple. Me lo dijo mi médico «hasta que no duermas, no conseguirás volver a sentir la luz». Y no hay más que probar. Es importante descansar cuerpo y cerebro para recolocarnos y volver a pensar con claridad. Y lo sé, no siempre es fácil, sin embargo existen métodos para lograrlo: infusiones, aceites esenciales, relajación, lectura y hasta terapias. No lo dejes; necesitas descansar, es un punto muy importante.

3. Dale una vuelta a tu alimentación

En mi caso eliminé el consumo de azúcar y los procesados, aumenté el consumo de legumbres y cereales integrales, reduje el consumo de proteína animal y empecé a comprar más fruta y verdura ecológica. Hasta plantamos nuestro (pequeño) propio huerto. Añadí nuevos alimentos en mi dieta (pre y probióticos, especias, algas…) y modifiqué algunas formas de cocinar.

 

Este fue un punto importante. En casa siempre hemos comido bastante bien, sin embargo me estaba olvidando de muchos alimentos y creo que las proporciones de algunos alimentos no eran las correctas.

4. El yoga me llevó a la meditación o al revés

No recuerdo qué fue primero, sin embargo aprendí a sentarme en silencio cuando todos duermen y me dejo llevar por mi respiración, concentrarme en ella y parar mi locomotora mental. Puede que al principio pienses que esto no va contigo, que no consigues hacerlo y que es muy difícil. Ten paciencia. Habrá unos días buenos y otros no tan buenos, pero todos, tenlo claro, te están llevando a sentirte mejor.

Empezarás a sentir más calma, a vivir los momentos de forma más pausada, a ver donde antes no veías. Y todo gracias a que tus pensamientos van más ordenados.

Redescubrí el yoga y pasó a formar parte de mi rutina. Sobre el yoga os hablaré con más calma en otro post, como se suele decir, el yoga me cambió la vida, y como así ha sido, prefiero dedicarle un post completo donde os cuente qué es lo que ha cambiado en mi gracias a él.

5. Y reduje mucho, en muchos lugares

Aunque sobre todo en mi armario. Empecé a construir un armario más consciente, menos prendas y mejor seleccionadas, tejidos naturales, sostenibles, justas… Conseguí encontrar coherencia entre lo que siento y lo que hago, o al menos acercarme a ella. He aprendido a vestirme con menos, y a sentirme sin duda, mucho mejor con lo que tengo.

No sólo reduje armario. También mis citas, compromisos… aprendí a decir no, aún sabiendo que esto dejaría caer gente en el camino. Y si de verdad no lo entienden, no es gente que merezca la pena. Los buenos siempre quedan.

Mi vida dio un cambio, mi estilo dio un cambio y ahora estoy justo donde quiero estar. Y estoy en plena evolución, disfrutando de un proceso de cambio que sólo me aporta.

Busco una vida, una belleza y una imagen más respetuosas.

Podría decir que busco una belleza sostenible

Sostenible conmigo y con todo(s) lo(s) que la rodea(n)

 

 

 

#slowstyle

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Veamonos en directo y compartamos el día a día de un estilo de vida Slow.

 

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