He necesitado varias semanas para volver a poner todo en su sitio. Hablo de lo de dentro, no de lo de fuera.

Espero que todo esté bien en tu casa y que a esta situación le estés sacando todo lo bueno que puedas sacarle. Soy consciente, y estoy viviendo cosas malas en este proceso, pero enfocarme en todo eso sería erróneo. Hay muchas cosas buenas que vivir estos días, y hoy quiero compartirlas contigo.

La parada fue en seco. Aunque la veíamos venir seguíamos corriendo con los ojos cerrados pensando que eso, a nosotros no iba a pasarnos. Y nos pasó. Ansiedad, desconcierto… y tras acabar con las reservas de papel higiénico de los supermercados, nos encerramos en nuestras casas sin saber muy bien cómo íbamos a sentirnos. Neveras repletas, espectáculos, museos y revistas online gratuitas. Películas y cursos. Deporte. Todo a tope para no sentir que de verdad teníamos que parar.

Pero las noticias no eran  buenas y parecía que la cosa tenía que alargarse.¿Dos? ¿Tres? ¿Cinco semanas? El subidón inicial dio paso a la angustia ¿Qué está pasando? ¿Cómo vamos a hacerlo? ¿Estaré preparada? Teníamos miedo. Miedo por nosotras, por nuestras familias y amigos, pero sobre todo, miedo por nuestros padres. Un miedo que seguimos teniendo y procuramos disimular cada vez que hablamos con ellos por teléfono para no preocuparles.

Logramos  pasar a la siguiente fase, empezar a sentir que en casa estamos bien, que aquí estamos protegidos y que dentro, no se está tan mal. Y cuando digo dentro no hablo sólo de mi hogar, hablo de sentirme bien dentro de mí. Sentirme tranquila en mi hogar. Y poco a poco, después de cinco semanas y muchas pruebas y errores para compaginar mis distintos roles (teletrabajadora, madre, maestra y ama de casa) sé por fin qué es lo que me hace sentirme tranquila en mi hogar. ¿Te lo cuento?

Me levanto pronto, cuando mi marido se va a trabajar. Y así, en silencio, mientras los pequeños duermen, y tras haberme bebido un buen vaso de agua con mis vitaminas, aprovecho para trabajar al máximo. Son tres horas en las que rindo mucho y eso me hace sentir bien.

Se levantan los niños y cambio de papel, ahora soy madre, maestra y ama de casa. Al principio intentaba compaginar el momento deberes con el de trabajo, pero no estaba cómoda y no rendía bien en ninguna de las áreas. No daba el 100% en ninguno de los papeles y eso me no hacía sentir tranquila.

Desayunar juntos, lavarnos y vestirnos, airear y ordenar la casa son los imprescindibles de cada día.

Desayunar... bizcochos (esos que han convertido a la levadura en el nuevo papel higiénico), tortitas con crema de cacao y avellanas, mermelada de fresas con miel… todo casero, mimado y hecho con mucho cariño. A veces sola, a veces con ellos. Actividades que les involucran en las tareas del hogar y les hacen disfrutando del resultado.

Vestirnos… aquel armario cápsula en el que empecé a trabajar antes de que todo esto sucediera se me quedó grande. Vistiendo más cápsula que nunca con tejidos de algodón principalmente, y he de decir que qué libertad siento. Estoy reflexionando mucho con respecto a mi armario. No necesito más pruebas, sé que quiero seguir reduciendo mi armario. Es tan fácil vestirme ahora mismo… Tres pantalones, cinco camisetas y tres chaquetas, eso es todo lo que he utilizado en estas cinco semanas. Todo ello sin renunciar a verme guapa cada día. Ducha, cremas, planchas y automasajes (varias formas de automasaje, principalmente facial, que estoy aprendiendo y que pronto me atreveré a compartir con vosotras). Nada de maquillaje, mi piel está disfrutando mucho de este confinamiento… acostumbrándome a verme al natural, estoy aprendiendo a cambiar la mirada que tenía sobre mi rostro.

Airear y ordenar la casa… siento más que nunca el olor de mi casa. Aprecio los sonidos cotidianos. Veo cómo entra la luz a cualquier hora del día. Cuido mis plantas que limpian el aire. La casa limpia y ordenada me da paz, y aunque sé que con los niños es difícil, estamos logrando que haya ciertas normas imprescindibles en busca de esa tranquilidad que todos buscamos. Nos repartimos tareas y hemos aprendido a hacer reuniones familiares para resolver conflictos.

Comemos temprano y es después de todo esto vuelvo al trabajo, unas horitas más y soy libre.

Las tardes son tranquilas, estoy aprendiendo de disciplina positiva, de aceites esenciales (gracias Andrea) y de simplificar la vida. Hacemos deporte y juegos de mesa (las baraja es una de nuestras grandes aliadas), leemos y hasta vemos alguna serie. Son cosas sencillas que nos están haciendo bien. Mucho bien.

Es importante que reserves momentos tuyos. Sólo tuyos. Para ese masaje. Para merendar tranquila. Para una mascarilla. O simplemente para mirar al infinito y pensar sobre todo lo que estás aprendiendo estos días.

Espero que sigas bien. No sé cuándo volveré a escribirte. Simplemente me estoy dejando llevar por lo que me apetece contarte. Nos veremos pronto…

Bisou.

PD. Algunas me habéis escrito preguntándome por post que pudieran ayudaros estos días. En la sección de Planes Slow tienes algunas propuestas, que aunque no estén dirigidas a estos días, quizá puedan servirte para inspirarte.

#slowstyle

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