A los 18 mis paredes estaban llenas de posters de James Dean, a los 25 los cambié por láminas de Ikea, y hoy, un montón de años después, siento la necesidad de colgar en mis paredes historias verdaderas.

En algunas cuelgan cuadros de mis hijos, esos sí que llevan historia, en otras espejos, fotos o macetas, y otras, simplemente esperan a que “su” cuadro algún día llegue a adornarlas.

Ahora paseo galerías en busca de ese cuadro que encaje de verdad en esa pared, y a veces, en los lugares más insospechados, encuentro un sitio que merece la pena ser visitado.

Así llegue al Estudio Pasaiarte, una tarde paseando con los niños en busca de aventuras, intentando llegar al Faro de la Plata en Pasajes de San Pedro. Entramos por curiosidad y acabamos llevándonos a casa otro faro para que nos recordara siempre esa bonita tarde.

No sólo me traje un faro, en mi casa también ha quedado un trocito de la historia de María, y otro poco de la de Kathy, su hija. Dos polos opuestos totalmente unidos, dos caracteres distintos que juntos hacen un todo.

María, canadiense de nacimiento y enamorada de esta tierra, a los 26 años decide cruzar el charco y venirse a vivir aquí y dibujar el mar. De carácter reservado y una sonrisa permanente, demuestra lo feliz que es pintando, rodeada de colores, lienzos y láminas. Y Kathy, la voz que da alas a su madre y quiere que todo el mundo la conozca. Su madre es arte y pasión.

“Hay veces que aparecen personas en tu infancia que te impactarán de tal forma que moldearán en cierta forma tu futuro” me dice María cuando le pregunto por qué empezó a dibujar. De carácter introvertido, cuenta que siempre le ayudó pintar para expresar todo lo que llevaba dentro. Y eso le daba libertad, porque dibujar la hace sentir libre. Siente que al pintar, todo lo que lleva dentro, cobra forma. Forma de belleza.

¡Cómo no voy a querer una de sus láminas con todo lo que cuenta!

Y sí, un poquito de ellas ahora cuelga en alguna de mis paredes, un poquito de amor hacia esta tierra, un poquito de amor al mar y una gran parte de ese amor entre una madre y una hija que trabajan juntas por la belleza. Y también cuelga un mucho de una tarde de paseo, en la que acabé disfrutando de una charla maravillosa. Todo esto en un cuadro… ahora sí puedo seguir decorando mi casa.

Todas las fotos están hechas en su estudio de Pasajes, PASAIARTE.

 

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