Qué mejor momento que el primer mes del año para seguir cultivando una vida más lenta y calmada. Estos días, después de lo vivido en las fiestas navideñas y cargados de buenas intenciones, pueden ser perfectos para proponernos vivir ancladas en el presente y sentir cada momento con la máxima plenitud.

Hace unas semanas publiqué la primera parte de este artículo (puedes leerla aquí) donde compartía claves para vivir de forma más lenta y consciente. Vuelve a leerlo para tenerlo muy presente ya que hoy voy a continuar con algunos consejos más para que vayas incorporando a tu vida. ¿Seguimos?

6. Crear hogar, un hogar en calma es tu mejor refugio

Una casa no es sólo un lugar, es tu refugio.

Es ese lugar donde siempre eres tú misma, donde recargas energía cada día y donde puedes dedicarte los mayores momentos de conexión contigo misma.

Tener un hogar cuidado y adaptado a ti es fundamental para que te sientas cómoda en él. Tu casa es una extensión de ti, y en él se tienen que ver reflejadas tus pasiones, tus emociones y tus necesidades. El tiempo me ha demostrado que con menos se vive mejor, y después de varios años de acumular, he pasado una temporada (aún no terminada) eliminando. Ni te imaginas el placer que me genera sacar objetos, ropa y hasta muebles que no tienen cabida en mi hogar actual. Es lo mismo que he hago en mi cabeza, sacar y sacar para quedarme sólo con lo bello, lo necesario y lo que me hace feliz. En definitiva, con lo esencial.

Busca crear belleza, tú belleza, en cada rincón. Armonizar los objetos y materiales y lo que te rodea a tus valores y tu esencia. Podrías incluso crear tu rincón de la calma, con objetos que te ayuden a conectar contigo misma. Una vela, una foto o algún mineral… un lugar cómodo y acogedor que te calme por lo que te transmite y lo que tú generas en él.

Crear un hogar sano y sin tóxicos es otro de los temas en el que estoy trabajando. Blogs como el de www.lacasamarta.com me ayudan a ir dando pequeños pasos en la dirección correcta. Sin prisa, pero sin pausa, y dando todos los pasos en la misma dirección.

7. Realizo trabajos creativos para conectar con mi yo más profundo

Mientras dibujas, coses, haces jardinería, macramé o coloreas mandalas, estás ahí. Tú sola con tus pensamientos, concentrada en ti y en lo que estás haciendo.

Son actividades que requieren de paciencia y de constancia, y que sin duda, expresan lo que tú consideras BELLEZA. Te ayudan a desconectar de la velocidad exterior ya que todas estas actividades llevan su tiempo. No puedes saltarte pasos para llegar al final. Vas poco a poco fluyendo con ellas y cultivando así grandes virtudes que te ayudarán después en tu día a día.

Intenta recordar qué te hacía disfrutar cuando eras pequeña, en qué actividades te sumergías y te hacían olvidarte de lo que te rodeaba. Qué cosas te hacían sentir bien… y si no las recuerdas ¿qué te gustaría aprender a hacer hoy? Dedica unos minutos a pensar en este tema. Llevo un año bordando y no puedo ser más feliz cuando me dejo llevar por los hilos y los bastidores.

Entonces compruebas que tú también eres capaz de crear belleza.

8. Practico la presencia plena o tiempo de calidad

O lo que viene a ser lo mismo, si me dedico a algo, me dedico a eso. Única y exclusivamente a eso. Sólo una tarea cada vez.

Esto lo agradezco mucho sobre todo cuando me dedico a mis hijos, cada uno su momento sin hacer nada más que eso. De esta forma los escucho, me acerco más a sus sentimientos y ellos se sienten realmente valorados.

La sensación de bienestar tras un rato de juego o escucha activa con otra persona, fluye en ambas direcciones. No sólo le haces sentir bien a otra persona, tú te sentirás bien por el hecho de haber generado esa alegría en la otra persona.

Lo mismo en el trabajo. Cada tarea con la concentración al 100%. De esta forma todo es mucho más rápido y efectivo.  Sobre todo en el trabajo, me encanta emplear el método Pomodoro, te animo a que leas algo sobre él, pero en definitiva consiste en trabajar por bloques de 25 minutos y descansar 5. Esos 25 minutos son de concentración máxima. No hay teléfono, no hay correos… no hay más que tú y la tarea en la que estás enfrascada. Trabajar por bloques de tiempo me ayuda mucho con la concentración.

La sensación de haber trabajado bien te genera calma y bienestar. Te sientes en paz contigo misma y de nuevo sientes que estás aportando algo bien hecho a la sociedad.

9. Disfruto de momentos de bienestar y permito que mi cuerpo descanse como se merece

En primavera la explosión de la naturaleza es grandiosa gracias al merecido descanso que toda ella se ha permitido durante el invierno. Los animales se recogen en sus refugios escapando del frío exterior, las plantas reducen su actividad tanto que parecen incluso morir al no tener hojas… las horas de luz son pocas, el frío es intenso… estamos en el momento perfecto para descansar y desconectar, y poder resurgir así en primavera.

La sociedad, en mi opinión confundida, hoy en día nos transmite que la falta de productividad es de fracasados. El sobre exceso de trabajo, el no parar ni en tus días de vacaciones, la disponibilidad continua al teléfono o respuesta inmediata a los emails está valorado en muchas empresas. Las personas necesitamos descansar, desconectar y reiniciar, y una vez realizado este descanso y este cuidado del cuerpo y de la mente, la persona es mucho más productiva.

Exactamente lo mismo extrapolado a la vida social, a las tareas del hogar e incluso a mi papel como madre. Mis momentos de descanso y desconexión no son negociables, son imprescindibles para poder seguir a flote al 100% de mis capacidades.

Ojo, no siempre soy consciente de esto y me dejo llevar por la rutina, el trabajo y la familia. Si no logro salir de la espiral y no me regalo momentos durante una temporada, acabo colapsando y al final las consecuencias son peores (para mí y para los que me rodean).

10. La energía que me transmite la naturaleza.

Uno de los mejores regalos que le puedes hacer a tu cuerpo es sumergirte en la naturaleza. Mar, bosque, montaña e incluso un parque de tu ciudad.

Estudios científicos han demostrado que las distintas frecuencias de vibración de la energía actúan sobre nuestro estado de ánimo (lo que cuenta Jana Fernández en este podcast de la empresa Mindstudio es muy interesante). La frecuencia de lo que nos rodea influye sobre nosotras y a la inversa, y es gracias a esta reciprocidad que podemos aprovechar la energía que transmite la naturaleza a nuestro favor.

Además, siempre podemos llevarnos un trocito de naturaleza en nuestras casas. Las plantas y las flores frescas nos ayudan a mantener ese contacto diario. Un pequeño huerto urbano en tu balcón, una maceta con aromáticas en tu cocina… cuidar esas plantas que tienes en casa también puede servirte para conectar con ellas.

Esto me lleva a incluir en nuestro estilo de vida el cuidado del medio ambiente, el respeto a la naturaleza en los gestos del día a día. El tema de la sostenibilidad en el hogar daría para un post completo y ya encontramos mucha información en las redes. En este post puedes encontrar cómo mi colada es más sostenible.

Espero que esta pequeña guía sobre cómo ir pausando tu vida te ayude a empezar el año con buen pie. Ya sabes que estoy aquí para lo que necesites, ayudaros a vivir una vida más lenta y sencilla es uno de mis propósitos para este nuevo año, así que no dudes en escribirme si tienes necesitas cualquier aclaración.

Aunque un poco tardía, feliz año nuevo… y te deseo, de corazón, que logres una vida más lenta y llena de sentido.

#slowstyle

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