Cuidar mi salud después de tanto exceso se vuelve a convertir en prioridad estos días. Descanso, deporte, alimentación, yoga, relax… dar licencias está bien, pero recuperar las buenas costumbres a tiempo es mucho mejor. Para encontrar el equilibrio, es necesario eliminar las toxinas físicas y también las mentales. Poco a poco, pero sin perderlo de vista.

Minimalismo, simplicidad y sencillez son mis tres nuevas palabras para este 2020 (¿quizá tenga que hacer pulseras también con éstas?), y sí, también lo serán para el comer. Ya está demostrado, reducir la ingesta de comida alarga la vida, por lo que la regla de oro será COMER POCO, y sin ninguna duda, COMER BIEN, porque una mala alimentación nos llevará a perder la energía poco a poco.

Alimentarse, y también cocinar, son sobre todo un gesto amable para contigo (y con los tuyos si también cocinas para ellos). El jueves, en mi canal de IGTV, publicaré una nueva Perla para tu Bienestar donde también hablaré de alimentación. Cuatro puntos sencillos que si incorporas en tu día a día, harán que pierdas peso, pero sin duda, harán que te sientas mejor, que es lo que de verdad nos importa.

El domingo hablaremos con Anna Esteve, enfermera y dietista, especializada en el cuidado del intestino como base para mejorar otras enfermedades. Con una visión maravillosa sobre la alimentación y el estilo de vida, nos contará cómo es mejor que nos alimentemos a partir de los 40.

Y hoy, lo que quiero hoy es ponértelo más fácil para que cuides tus cenas, y por eso te propongo 3 cenas fáciles, sanas y ligeras para estos días post navideños. Tres platos con sus tres historias, que así se digiere todo mucho mejor.

  • Empanadillas de bonito al horno

En mi casa, cuando éramos pequeños, se comían empanadillas. De estudiante también. Después, por alguna razón desaparecieron de mi dieta, ahora las he recuperado con una nueva variante. Siempre recordaré mi labor en este proceso «Apretar el borde de la oblea con el tenedor dejando esa forma característica estriada en la parte semicircular». Eran fritas, y cuando éramos estudiantes, podías encontrar sorpresa en alguna de ellas, como en el roscón de reyes. Todo dependía del grado de «graciosismo» que tuviera a la que le tocaba cocinar. Una aceituna, un trozo de goma y hasta algún tornillo. Aún no había miedo al engorde, o al menos no tanto, y las comíamos bien cargaditas de aceite «refrito». Bendita inconsciencia (y metabolismo joven) que cualquier cosa era maravillosa…

Aunque el relleno que te presento hoy sea el mismo (sin sorpresas, claro) la forma de cocinarlas es diferente, más ligera y saludable, así que vayamos al grano:

(Foto: Pinterest)

Ingredientes:

  • Un paquete de obleas de empanadillas (yo uso las de Buitoni)
  • Un buen atún o bonito (no hay que creer a quienes dicen que cualquier conserva vale. Un buen alimento siempre es mejor, por el paladar y por nuestra salud) Yo uso las de Olasagasti.
  • Tomate frito casero (que puedes haberlo hecho con tomate triturado fresco o del súper)
  • 2 huevos cocidos

Mezclas el atún con los dos huevos picados y el tomate y rellenas las obleas. Cierras en semicírculo y con un pincel, pintas las empanadillas con huevo batido. 10 minutos al horno (más o menos) y listas para cenar.

  • Pizza con rúcula y anchoas

Soy una de esas personas raras a las que no les gusta demasiado la pizza, pero como en mi casa el resto la adora, suele ser cena habitual una vez por semana. Nunca comprada, en casa se hace hasta la masa (y en este momento me siento Gloria Fuertes), y la ventaja es que podemos hacer de tantos sabores como caprichos tengamos.

De base la masa, obvio, que puede ser hecha o comprada, pero siempre lo más natural posible. Una buena capa de tomate, también casero si puede ser, y sobre esto van los gusto particulares de cada uno de los comensales, pero como hoy la cosa va de sano y ligero, te cuento mi parte que es la única que cumple los dos requisitos. Sobre la base ponemos el tomate, el queso y tomate natural. Metemos al horno, precalentado a 180º durante 15 minutos. A mi me gusta que la rúcula esté fresca y no cocinada, al igual que las anchoas que se quedan si no se quedan muy saladas, así que, una vez que está hecha la masa con el tomate y el queso, la sacamos del horno y le ponemos la rúcula y las anchoas (que al igual que el atún, cuanto mejores sean, más rica estará).

Foto: Cocinando con mi Carmela

  • Cogollos con anchoas

Mi marido, como buen vasco, es un cocinillas y además le gusta innovar. De vez en cuando me sorprende con algún experimento y normalmente son bastante buenos. Allá cuando hacíamos mucha vida social (o para ser más exactos, allá cuando no teníamos hijos y mucho más tiempo) hacíamos bastantes cenas en casa. Daba igual martes que jueves, siempre había ánimo para que viniera gente a casa (y ahora me paso el día cansada… invitados un martes? como mucho un jueves que sólo quedaría un día de sufrimiento!) Y por aquel entonces hacíamos una receta que normalmente triunfaba.

Ingredientes:

  • Cogollos
  • Gambas/Langostinos
  • Queso fresco
  • Pimientos de piquillo
  • Anchoas a la Donostiarra (también de Olasagasti que son espectaculares)

En una sartén, freímos las gambas en trocitos, añadimos los pimientos también troceados y mezclamos con las gambas. Retiramos del fuego y añadimos el quedo fresco en trocitos pequeños. En caliente, ponemos sobre los cogollos, y sobre cada uno de éstos, una anchoa a la donostiarra. Servir caliente.

Se me ocurren otras tantas, a ver si me animo y este fin de semana grabo algún vídeo con alguna otra receta de las que hagamos en casa. ¿Te apetece?

 

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